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CARLOS ARTURO ROBLES JULIO: CUANDO CRECE UNIGUAJIRA, CRECE LA GUAJIRA

CARLOS ARTURO ROBLES JULIO: CUANDO CRECE UNIGUAJIRA, CRECE LA GUAJIRA

CARLOS ARTURO ROBLES JULIO: CUANDO CRECE UNIGUAJIRA, CRECE LA GUAJIRA

Las cifras muestran una transformación profunda de la Universidad de La Guajira desde 2009. Defender esa obra, su autonomía y su continuidad institucional es defender uno de los mayores patrimonios sociales y educativos del departamento.

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Por:  Inocencio Meléndez Julio, Ph.D.

Doctor en Derecho, Postdoctor  en Arbitraje.

Profesor universitario – Tratadista.

Hay personas cuya gestión solamente puede entenderse comparando lo que encontraron con lo que dejan construido. Carlos Arturo Robles Julio pertenece a esa categoría de dirigentes universitarios.

No escribo estas líneas desde la militancia política ni desde intereses burocráticos. Las escribo como profesor universitario, después de varias décadas dedicado a las aulas, convencido de que pocas instituciones pueden transformar tanto una sociedad como una universidad pública que funciona, crece y ofrece oportunidades.

Y cuando se estudia desapasionadamente lo sucedido en la Universidad de La Guajira desde que Carlos Robles asumió su rectoría en 2009, existe una conclusión difícil de controvertir: Uniguajira es hoy una institución sustancialmente más grande, más compleja académicamente, con mayor infraestructura, investigación y capacidad de formación avanzada que la universidad que Robles encontró. Eso no es propaganda. Lo dicen las cifras.

El hombre detrás del rector.

Carlos Arturo Robles Julio es ingeniero de petróleos de la Fundación Universidad de América de Bogotá, especialista en Diseño, Formulación y Evaluación de Proyectos y en Finanzas, magíster en Administración de Empresas de la Universidad del Norte y magíster en Finanzas de la propia Universidad de La Guajira. Entre 2016 y 2018 presidió el Sistema Universitario Estatal del Caribe, SUE Caribe. 

Su formación permite entender una característica que, a mi juicio, resulta determinante para explicar su permanencia al frente de Uniguajira: Robles no ha administrado únicamente una universidad; ha dirigido un proyecto institucional de largo plazo. La Universidad identifica entre los ejes de su gestión el fortalecimiento de la investigación y extensión, incorporación de nuevos docentes de planta, calidad académica e internacionalización. 

Pero nuevamente: que sean los resultados los que hablen. De 6.494 a 17.125 estudiantes

Cuando Robles llegó a la Rectoría, en 2009, la Universidad registraba aproximadamente 6.494 estudiantes. Para 2025 alcanzaba 17.125. 

Estamos hablando de 10.631 estudiantes adicionales y de un crecimiento aproximado del 164 % respecto de aquella línea base. Detrás de cada número existe una historia. Un joven de Riohacha. Una familia wayuu.  Un estudiante de Maicao, Fonseca o Villanueva. Un muchacho o una muchacha que quizá representa la primera generación de su familia que logra ingresar a la educación superior.

Ahí encuentro una de las dimensiones más importantes de la obra de Robles: haber entendido la universidad pública como instrumento de movilidad social y desarrollo territorial.

De 15 programas profesionales a 29.

La transformación académica resulta igualmente reveladora. En 2009 se contabilizaban 15 programas profesionales. Para 2025 eran 29 programas profesionales, nueve maestrías propias y dos doctorados. La Universidad contaba además con seis programas acreditados en alta calidad. 

Una universidad regional que desarrolla maestrías y doctorados da un salto cualitativo. Ya no se limita a transmitir conocimiento producido en otras regiones. Comienza a producirlo. La Guajira necesita doctores investigando La Guajira; científicos estudiando su biodiversidad; investigadores sociales comprendiendo su multiculturalidad; ingenieros pensando su transición energética; economistas estudiando sus posibilidades productivas y juristas ocupándose de sus enormes desafíos institucionales.

La universidad debe convertirse en el gran laboratorio intelectual del territorio.

Y Uniguajira está avanzando en esa dirección. De siete grupos de investigación a 56. Esta cifra me parece extraordinariamente importante. Uniguajira pasó de siete grupos de investigación a 56 grupos reconocidos, incluidos tres en categoría A1, además de registrar cuatro patentes. 

Eso representa multiplicar por ocho aproximadamente su número de grupos de investigación. Pero hay otro dato igualmente significativo. La planta profesoral pasó de 93 docentes en 2009 a 313 en 2025; dentro de esta última cifra se reportaban 89 doctores.  Una universidad no se hace solamente con edificios. Se construye fundamentalmente con profesores. Y fortalecer la formación doctoral y la investigación significa sembrar una capacidad intelectual cuyos frutos probablemente serán apreciados durante varias generaciones.

Una Universidad que prácticamente duplicó su infraestructura.

También hay ladrillos. Y muchos. La infraestructura institucional pasó de aproximadamente 55.677 metros cuadrados en 2009 a 124.236 metros cuadrados en 2025. Son 68.559 metros cuadrados adicionales. Más del doble de la infraestructura existente al comenzar aquella etapa.

A esto se suman proyectos de expansión que incluyen nuevos espacios académicos, deportivos, gastronómicos y de servicios universitarios. Pero esos edificios no deberían contemplarse solamente como cemento. Son capacidad educativa instalada. Cada laboratorio significa investigación. Cada aula significa cobertura. Cada escenario deportivo significa bienestar. Cada espacio universitario nuevo representa capacidad del Estado para ofrecer oportunidades.

Y llegó la acreditación institucional.

Hay un acontecimiento que probablemente sintetiza mejor que cualquier discurso el proceso vivido por Uniguajira: la obtención de la Acreditación Institucional en Alta Calidad. La propia Universidad informó que la acreditación fue otorgada por el Ministerio de Educación Nacional mediante la Resolución 020201 de 2024, por seis años. 

Para cualquier universidad colombiana obtener una acreditación institucional representa años de trabajo. Para una universidad pública ubicada en uno de los departamentos que históricamente ha padecido mayores dificultades sociales y económicas, tiene un significado todavía mayor. Es decirle al país: La Guajira también puede producir educación superior de calidad.

Una Universidad conectada con el mundo

La internacionalización constituye otro componente importante. Actualmente la Oficina de Relaciones Internacionales mantiene publicados sus listados de convenios académicos y redes nacionales e internacionales vigentes.  Una universidad ubicada geográficamente en la periferia colombiana no tiene por qué permanecer en la periferia del conocimiento. Ese probablemente sea uno de los cambios culturales más importantes que debe profundizar Uniguajira: convertir su posición fronteriza y caribeña no en una desventaja, sino en una plataforma de internacionalización.

Carlos Robles: gerente universitario.

Después de revisar estos resultados encuentro una palabra apropiada para describir una dimensión de Carlos Robles: gerente. Gerenciar una universidad pública es particularmente difícil.

Hay que entender la academia sin desconocer las finanzas; administrar recursos sin perder de vista la misión social; construir infraestructura mientras se fortalece investigación; aumentar cobertura sin sacrificar calidad y gobernar una comunidad donde profesores, estudiantes, trabajadores, egresados y órganos colegiados tienen legítimamente voces diferentes.

Robles ha conseguido mantener durante años una dirección institucional y ejecutar un proyecto de expansión cuyos resultados son medibles. Se puede discrepar de cualquiera de sus decisiones. Pero resulta difícil desconocer la transformación.

El respaldo institucional también cuenta.

Hay otro hecho reciente que merece consideración. En mayo de 2026, Carlos Arturo Robles Julio fue nuevamente designado rector para el período 2027-2031. La decisión del Consejo Superior fue unánime: nueve votos de nueve. Es su quinta designación y la segunda ocasión en que obtiene unanimidad del máximo órgano de gobierno universitario. Eso tampoco puede reducirse a una anécdota. En una universidad plural, conseguir semejante respaldo institucional constituye un dato relevante al momento de valorar su liderazgo.

Que el ruido no destruya la obra.

Alrededor de toda institución poderosa aparecen controversias, diferencias, rumores y disputas. Y una universidad con más de 17.000 estudiantes, centenares de profesores, investigadores, infraestructura, presupuesto y enorme influencia social naturalmente despierta múltiples intereses.

Precisamente por eso debemos actuar con enorme responsabilidad. Un rumor no es una prueba. Una versión no es un hecho demostrado. Un señalamiento no puede convertirse automáticamente en verdad. Y ninguna controversia debería servir para borrar diecisiete años de resultados cuantificables. Frente al ruido, las cifras. Frente al rumor, los hechos. Frente a las pasiones, la Universidad.

Uniguajira no puede convertirse en botín político.

Aquí está el punto que más me preocupa como profesor universitario. Una institución de semejante importancia social debe permanecer protegida frente a cualquier intento de captura política, cualquiera que sea su procedencia. La Universidad no puede convertirse en una bolsa de empleos. Sus profesores no pueden transformarse en cuotas. Sus investigadores no pueden pertenecer a políticos. Sus estudiantes no son votos. Sus contratos no pueden constituir premios. Sus edificios no son escenarios electorales. Y su Rectoría no puede convertirse en trofeo de ninguna corriente política.

No estoy afirmando que exista un complot demostrado para apoderarse de Uniguajira. Estoy defendiendo un principio mucho más importante: ningún político debería poder apropiarse de una universidad pública.

Ni hoy. Ni mañana. Ni después de Carlos Robles.

La autonomía universitaria es patrimonio constitucional.

El artículo 69 de nuestra Constitución reconoce la autonomía universitaria. Y esa autonomía no existe para proteger personas. Existe para proteger la Universidad. Permite que las instituciones universitarias definan sus destinos académicos y administrativos dentro del orden constitucional y legal sin quedar sometidas indebidamente al gobernante, partido o dirigente político de turno.

Por eso defender hoy la autonomía de Uniguajira no equivale simplemente a defender a Carlos Robles. Es defender algo mucho más grande. Es defender a sus estudiantes. A sus profesores. A sus investigadores. A sus egresados. A las familias guajiras. Y a quienes todavía no han nacido pero algún día estudiarán allí.

Carlos Robles también merece reconocimiento.

En Colombia tenemos una extraña facilidad para señalar y una enorme dificultad para reconocer. Por eso quiero hacerlo expresamente. A Carlos Arturo Robles Julio hay que reconocerle su liderazgo en la transformación de la Universidad de La Guajira.

Reconocerle que la institución que recibió con aproximadamente 6.494 estudiantes llegó a superar los 17.000. Que pasó de 15 a 29 programas profesionales.Que desarrolló nueve maestrías propias y dos doctorados. Que pasó de siete a 56 grupos de investigación. Que fortaleció considerablemente su planta profesoral. Que más que duplicó su infraestructura. Y que durante su administración Uniguajira alcanzó la Acreditación Institucional en Alta Calidad. 

Nada de eso lo hace un solo hombre.

Una universidad la construyen profesores, estudiantes, trabajadores, investigadores, egresados, directivos y la sociedad que la sostiene. Pero tampoco sería justo contar la historia de esta transformación borrando a quien durante diecisiete años ha ejercido su Rectoría. Crece la Alma Máter, crece La Guajira

Carlos Robles pasará algún día. Como pasamos todos. Lo importante será entonces preguntarse qué quedó.

Y allí estarán los edificios. Los programas. Los grupos de investigación. Las maestrías. Los doctorados. Los profesores. La acreditación. Y, sobre todo, estarán los miles de profesionales que salieron y seguirán saliendo de aquellas aulas. Esa es la verdadera dimensión de una rectoría.

Por eso mi defensa no es solamente de Carlos Robles. Es una defensa de la obra construida. Es una defensa de la autonomía universitaria.

Es una defensa de la educación pública regional. Es una defensa del derecho de La Guajira a tener una universidad grande, respetada, investigadora, acreditada y conectada con el mundo.

Que nadie se equivoque: Uniguajira no es de un rector. Uniguajira no es de los políticos.

Uniguajira es de La Guajira. Y preservar lo construido, reconocer a quienes han contribuido decisivamente a construirlo y garantizar que la Universidad pueda seguir creciendo con autonomía constituye una responsabilidad histórica.

Porque cuando crece Uniguajira, crece La Guajira.

Inocencio Meléndez Julio, Ph.D.

Profesor universitario – Tratadista

Abogado, Doctor en Derecho – UNED, España

Postdoctor en Arbitraje – Universidad de Salamanca

Diario La Guajira

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